Sabía que algo malo había
ocurrido, un presentimiento me lo advertía, pues no era normal que mi teléfono
sonara a las dos de la mañana y de un número que aparece en el identificador de
llamadas como desconocido.
Mi presentimiento se hizo
realidad cuando escuché una voz gruesa que me dijo:
-
Hablo con Marcela Uribe?
-
Sí- le contesté- quién habla?
-
Habla el
Teniente Morales de la estación de policía, y la estamos llamando porque
tenemos detenido a su hermano Luis José Uribe y necesitamos que se acerque a la
estación.
Un frio recorrió todo mi
cuerpo y no supe que contestar, solo colgué y a continuación el sentimiento que
me invadió fue de rabia, “que habrá hecho este muchacho” pensé; me vestí
rápidamente y me dirigí a la estación de policía pensando en las palabras que
utilizaría, en primer lugar para lograr caerles bien a los policías y estos así
pudieran ayudar, pues no es secreto que en muchas ocasiones son estos, los
encargados de levantar y colocar evidencias
a personas que son arrestadas injustamente y este caso no sería la
excepción; en segundo lugar, trataba de pensar que todo era una equivocación o
un problema sin importancia, sin embargo
mi hermano tendría que someterse aunque no quisiera a un buen sermón de
mi parte, pues si había decidido dar mi número y acudir a mi antes que a mis
papás debía atenerse a mi regaño.
Al llegar a la estación de
policías, muy ordenada y limpia de por cierto, o tal vez tengo esa percepción
de ella pues era la primera vez que me veía en una situación de estas, por lo
tanto era la primera vez que pisaba una estación de policías y esperaba que
fuera la última, ya que siempre he tenido una mala impresión de esta entidad.
Me recibió un policía alto y un poco obeso para mi gusto, su rostro daba la
imagen de ser un hombre amargado y solitario, saludé:
-
Buenas noches, vengo por mi hermano que está
detenido en este lugar.
El policía me miró de arriba
abajo y me pregunto por el nombre de mi hermano, al decírselo soltó una risita
burlona y me dijo:
-
Váyase a dormir y venga mañana, porque lo de
su hermano no se resuelve esta noche,
apenas salga el sol será llevado a la fiscalía y se le dictará medida de
aseguramiento.
No entendí muy bien todo lo
que me dijo pues con el simple hecho de atreverse a mandarme a dormir logro que
me exasperara y contesté:
-
Mire señor, no se quien sea usted, pero a mí
no me puede hablar de esa forma, yo necesito hablar con alguien que me pueda
dar información sobre mi hermano y por lo que veo esa persona no es usted, así
que si es tan amable puede llamar a un superior.
En ese momento llegó una
patrulla y de ella se bajaron dos policías y una muchacha muy bonita pero
vestida de una forma que daba mucho que pensar, me acerqué a uno de ellos y le
pregunté por mi hermano, los dos me miraron y me dijeron:
-
El caso de su hermano es delicado, es mejor
que le busque un abogado lo antes posible pues su hermano es acusado de
violación.
¿Violación? No, me negaba a
creerlo, pues mi hermano es un muchacho muy apuesto, con una carrera brillante
y siempre se destacó por ser buen estudiante y buen hijo, no definitivamente
tenía que ser un error, pedí que me dejaran hablar con mi hermano pero se
negaron y me dijeron que hasta que amaneciera no lo podría ver, ¿y a quien se
supone que mi hermano violó?- pregunté -
no me contestaron pero los dos policías con la mirada me dirigieron
hacia la muchacha que había bajado con ellos de la patrulla, la miré e hice el
intento de acercarme pero ellos no me lo permitieron y la entraron a un cuarto.
Al otro día todo fue un poco
más claro, en el palacio de justicia pude escuchar y ver a mi hermano ante un
juez que lo acusaba de haber obligado a una mujer intimidándola con un cuchillo
a practicarle sexo oral y se enfrentaba a una pena de 16 a 30 años de cárcel.
Las lágrimas salían de mi
rostro, definitivamente esa persona de la cual hablaban no era mi hermano, él
no podía haber cometido ese acto tan atroz contra una mujer; él me miraba y con
su cabeza me decía que no era cierto y yo le creía, todavía le creo, no tenía
dudas y por ello no dudé en poner todos los recursos necesarios para demostrar
la inocencia de mi hermano.
Afortunadamente para mi
hermano y para mí las cárceles en Colombia están atravesando un problema de
hacinamiento y por ello el lugar de detención siguió siendo la estación de
policías de un barrio muy conocido de la ciudad de Bucaramanga; estuvo allí por
quince días y pude hablar con él. Me contó que esa muchacha era una vieja amiga
y que en el pasado tuvieron algo más que una amistad, pero que por cosas de
otra mujer, él la había dejado a un lado. Esa noche de casualidad, cuando él se
dirigía para su casa en su motocicleta la vio a la una de la mañana caminando
por una calle sola y lógicamente el paró y le dijo que si la llevaba, a lo cual
ella respondió que si pues ya se conocían; de camino ella le dijo que fueran a
tomar algo y el aceptó; después de unos tragos decidieron retomar su amoríos
del pasado y empezaron a besarse, salieron del lugar y se pararon en una
esquina, de repente apareció una
patrulla de la cual se bajaron dos policía y pidieron hacer una requisa, a lo
cual mi hermano accedió, y mientras un policía requisaba a mi hermano, el otro
se apartó con la muchacha,, después de un rato regresó diciéndole que debía ir con ellos a la estación de
policías, pues quedaba detenido acusado de violación, mi hermano intentó hablar
con la muchacha, pero al igual que a mí no se lo permitieron.
Después de quince días
detenido en la estación de policías llegó un momento muy doloroso para todos,
mi hermano fue trasladado a la cárcel modelo de Bucaramanga, fue inevitable. Como
pude me las ingenié para dar con la dirección de la muchacha que nos había
metido en este problema, llegué a su casa, al verme no se acordó de la primera
noche en que comenzó todo y que nos vimos por primera vez en la estación así
que le hablé de manera muy suave:
-
Hola – le dije- soy marcela, la hermana de Luis
José- no me contestó solo agachó la cabeza. Empecé a llorar y a decirle que me
ayudara que no era justo que mi hermano estuviera pagando por algo que él no
hizo, ella me miró y me dijo:
-
Eso se lo merece por perro, por jugar con mis
sentimientos, yo a él lo quiero pero él a mí no. Él me dijo que solo la
pasábamos rico y ya, y yo no soy su juguete.
Aunque no estaba de acuerdo
con sus argumentos fingí que estaba de acuerdo, le dije que mi hermano había
aprendido la lección y que él le pediría perdón. - ¡DE RODILLAS! - Me dijo, yo
le dije que sí, que él lo haría pero que necesitábamos que contara la verdad y
que no se preocupara porque nosotros no tomaríamos acciones legales contra ella.
Aceptó, pero eso no era todo
pues la muchachita pidió una cantidad de dinero bastante generosa para nosotros,
una familia de clase media; se llegó a
la conclusión que una vez libre mi hermano ella tendría su dinero. Yo informaba
cada cosa que iba pasando a mi hermano en cada una de sus llamada diarias o en
mis visitas que eran todos los domingo sin falta durante cinco meses que duro
mi hermano recluido en esa cárcel en la cual tratan a las personas como
animales pues sus condiciones son denigrantes y todo es manejado con dinero, si
tienes dinero tienes celda, si tienes dinero puedes usar el mejor baño, si
tienes dinero tienes infinidad de beneficios, es falso decir que en la cárcel
todos son iguales allá al igual que fuera de ella los que manda son los que
tienen dinero.
Como dije todo terminó
después de cinco largos y dolorosos meses; mi hermano está bastante recuperado
pues el daño psicológico es fuerte, las primeras semanas no salía de su cuarto
y decía tener miedo de que lo volvieran a llevar a la cárcel, no hablaba y se
la pasaba durmiendo; hoy, recuperó su
trabajo y lleva una vida social muy buena aunque muy cautelosa pues de
esta experiencia aprendió que una mujer herida es capaz de cosas inimaginables
con tal de sanar su ego herido y como
familia lo vivimos nos enseñó a estar
más unidos y además a no juzgar a las personas por los supuestos, muchas
personas están encerrada en ese lugar por actos que no cometieron sin embargo,
es tan fácil señalarlos con el dedo que solamente cuando te toca vivir algo
parecido o a una persona cercana duele y pides el beneficio de la duda.
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