lunes, 1 de septiembre de 2014

UN VIAJE INOLVIDABLE

Es el día más esperado por todos los miembros de mi familia, o en realidad creo que es el día más esperado mío pues hace mucho tiempo que no viajo y aunque no es emocionante ir con mi  familia debo conformarme con eso.
Son las 5:30 a.m y antes de que  sonara el despertador yo ya estaba despierta como  si temiera que se fueran sin mi aunque pensándolo bien hubiese sido mejor quedarme sola y disfrutar de la tranquilidad que solo la soledad puede traer; mis maletas las dejé listas desde el día anterior y cómo íbamos para clima caliente opté por llevar ropa ligera y uno que otro vestido de baño, mi mamá me recomendó llevar un abrigo pero como toda adolescente hice todo lo contrario, horas después  desesperada por el frío pensaba en que debí hacerle caso a las palabras sabias o proféticas por así decirlo de mi madre. Salimos de mi casa a las 7 de la mañana, mi hermana, mi hermano mis padres y yo, y aunque traté por todos los medios y con muchos argumentos ganar un puesto en la ventana no lo conseguí pues aquello de ser la menor de tres hermanos me colocaba en desventaja así que debí viajar en medio de mis dos hermanos.
El viaje empezó de una manera normal pero al cabo de hora y media tuvimos nuestro primer inconveniente una de las llantas traseras se pinchó, así que tuvimos que parar en un taller un poco precario para mi gusto, el cual era atendido por un anciano maloliente al cual solo se le podían visualizar unos cuantos dientes, después de una charla un poco extraña pudimos retomar nuestro camino.
Me sentí muy contenta al ver que hacía un calor impresionante y que había acertado con mi  vestuario pero al paso de una hora más de camino el clima empezó a cambiar y mi  alegría se convirtió  en un intenso dolor de piernas  donde el frío invadía mi  cuerpo y no encontraba nada con que calentarme; pedía mis hermanos algo con que poder cobijarme pero estos optaron por burlarse de mí y recordarme las palabras de mi madre, quise llorar pero tenía que mostrarme fuerte frente aquellos individuos que se suponían que eran sangre de mi sangre.
Después de aproximadamente dos horas de un frío aterrador y de tratar de calentarme soplando mis manos y tratando de arruncharme al lado de mi hermana, el clima comenzó a cambiar y pude recuperara la  temperatura normal de mi cuerpo, paramos en un restaurante muy bonito para la zona pues estaba en medio de la nada donde de vez en cuando pasaba un carro o una mula. La comida, deliciosa típica de la región, comimos demasiado pues en aquel lugar acostumbran a servir una buena porción, una vez ya satisfechos no encaminamos de nuevo hacia nuestro destino el problema fue que debido a la gran cantidad de comida que ingerimos el estómago de mi hermana empezó a jugarle una mala pasada y tuvimos que parar cuatro veces para que ella pudiera reponerse de su malestar lo malo fue que en esa cuarta parada contagio de su necesidad a mi mamá y estuvieron enfermas durante todo el viaje así que tuve que hacer el papel de enferma ya que era la única mujer que se encontraba bien.

Llegamos a nuestro destino y para sorpresa mía era un lugar bastante rural en donde fui una presa fácil para los mosquitos gracias a mi ropa y donde una vez más retumbaban en mi cabeza los consejos que hice caso omiso de mi madre.

CONTIGO HASTA EL FINAL


Sabía que algo malo había ocurrido, un presentimiento me lo advertía, pues no era normal que mi teléfono sonara a las dos de la mañana y de un número que aparece en el identificador de llamadas como  desconocido.
Mi presentimiento se hizo realidad cuando escuché una voz gruesa  que me dijo:
-          Hablo con Marcela Uribe?
-          Sí- le contesté- quién habla?
-          Habla el  Teniente Morales de la estación de policía, y la estamos llamando porque tenemos detenido a su hermano Luis José Uribe y necesitamos que se acerque a la estación.
Un frio recorrió todo mi cuerpo y no supe que contestar, solo colgué y a continuación el sentimiento que me invadió fue de rabia, “que habrá hecho este muchacho” pensé; me vestí rápidamente y me dirigí a la estación de policía pensando en las palabras que utilizaría, en primer lugar para lograr caerles bien a los policías y estos así pudieran ayudar, pues no es secreto que en muchas ocasiones son estos, los encargados de levantar y colocar evidencias  a personas que son arrestadas injustamente y este caso no sería la excepción; en segundo lugar, trataba de pensar que todo era una equivocación o un problema sin importancia, sin embargo  mi hermano tendría que someterse aunque no quisiera a un buen sermón de mi parte, pues si había decidido dar mi número y acudir a mi antes que a mis papás debía atenerse a mi regaño.
Al llegar a la estación de policías, muy ordenada y limpia de por cierto, o tal vez tengo esa percepción de ella pues era la primera vez que me veía en una situación de estas, por lo tanto era la primera vez que pisaba una estación de policías y esperaba que fuera la última, ya que siempre he tenido una mala impresión de esta entidad. Me recibió un policía alto y un poco obeso para mi gusto, su rostro daba la imagen de ser un hombre amargado y solitario, saludé:
-          Buenas noches, vengo por mi hermano que está detenido en este lugar.
El policía me miró de arriba abajo y me pregunto por el nombre de mi hermano, al decírselo soltó una risita burlona y me dijo:
-          Váyase a dormir y venga mañana, porque lo de su hermano no se resuelve esta noche,  apenas salga el sol será llevado a la fiscalía y se le dictará medida de aseguramiento.
No entendí muy bien todo lo que me dijo pues con el simple hecho de atreverse a mandarme a dormir logro que me exasperara y contesté:
-          Mire señor, no se quien sea usted, pero a mí no me puede hablar de esa forma, yo necesito hablar con alguien que me pueda dar información sobre mi hermano y por lo que veo esa persona no es usted, así que si es tan amable puede llamar a un superior.
En ese momento llegó una patrulla y de ella se bajaron dos policías y una muchacha muy bonita pero vestida de una forma que daba mucho que pensar, me acerqué a uno de ellos y le pregunté por mi hermano, los dos me miraron y me dijeron:
-          El caso de su hermano es delicado, es mejor que le busque un abogado lo antes posible pues su hermano es acusado de violación.
¿Violación? No, me negaba a creerlo, pues mi hermano es un muchacho muy apuesto, con una carrera brillante y siempre se destacó por ser buen estudiante y buen hijo, no definitivamente tenía que ser un error, pedí que me dejaran hablar con mi hermano pero se negaron y me dijeron que hasta que amaneciera no lo podría ver, ¿y a quien se supone que mi hermano violó?- pregunté -  no me contestaron pero los dos policías con la mirada me dirigieron hacia la muchacha que había bajado con ellos de la patrulla, la miré e hice el intento de acercarme pero ellos no me lo permitieron y la entraron a un cuarto.
Al otro día todo fue un poco más claro, en el palacio de justicia pude escuchar y ver a mi hermano ante un juez que lo acusaba de haber obligado a una mujer intimidándola con un cuchillo a practicarle sexo oral y se enfrentaba a una pena de 16 a 30 años de cárcel.
Las lágrimas salían de mi rostro, definitivamente esa persona de la cual hablaban no era mi hermano, él no podía haber cometido ese acto tan atroz contra una mujer; él me miraba y con su cabeza me decía que no era cierto y yo le creía, todavía le creo, no tenía dudas y por ello no dudé en poner todos los recursos necesarios para demostrar la inocencia de mi hermano.
Afortunadamente para mi hermano y para mí las cárceles en Colombia están atravesando un problema de hacinamiento y por ello el lugar de detención siguió siendo la estación de policías de un barrio muy conocido de la ciudad de Bucaramanga; estuvo allí por quince días y pude hablar con él. Me contó que esa muchacha era una vieja amiga y que en el pasado tuvieron algo más que una amistad, pero que por cosas de otra mujer, él la había dejado a un lado. Esa noche de casualidad, cuando él se dirigía para su casa en su motocicleta la vio a la una de la mañana caminando por una calle sola y lógicamente el paró y le dijo que si la llevaba, a lo cual ella respondió que si pues ya se conocían; de camino ella le dijo que fueran a tomar algo y el aceptó; después de unos tragos decidieron retomar su amoríos del pasado y empezaron a besarse, salieron del lugar y se pararon en una esquina,  de repente apareció una patrulla de la cual se bajaron dos policía y pidieron hacer una requisa, a lo cual mi hermano accedió, y mientras un policía requisaba a mi hermano, el otro se apartó con la muchacha,, después de un rato regresó diciéndole  que debía ir con ellos a la estación de policías, pues quedaba detenido acusado de violación, mi hermano intentó hablar con la muchacha, pero al igual que a mí no se lo permitieron.
Después de quince días detenido en la estación de policías llegó un momento muy doloroso para todos, mi hermano fue trasladado a la cárcel modelo de Bucaramanga, fue inevitable. Como pude me las ingenié para dar con la dirección de la muchacha que nos había metido en este problema, llegué a su casa, al verme no se acordó de la primera noche en que comenzó todo y que nos vimos por primera vez en la estación así que le hablé de manera muy suave:
-          Hola – le dije- soy marcela, la hermana de Luis José- no me contestó solo agachó la cabeza. Empecé a llorar y a decirle que me ayudara que no era justo que mi hermano estuviera pagando por algo que él no hizo, ella me miró y me dijo:
-          Eso se lo merece por perro, por jugar con mis sentimientos, yo a él lo quiero pero él a mí no. Él me dijo que solo la pasábamos rico y ya, y yo no soy su juguete.
Aunque no estaba de acuerdo con sus argumentos fingí que estaba de acuerdo, le dije que mi hermano había aprendido la lección y que él le pediría perdón. - ¡DE RODILLAS! - Me dijo, yo le dije que sí, que él lo haría pero que necesitábamos que contara la verdad y que no se preocupara porque nosotros no tomaríamos acciones legales contra ella.
Aceptó, pero eso no era todo pues la muchachita pidió una cantidad de dinero bastante generosa para nosotros, una familia de clase media;  se llegó a la conclusión que una vez libre mi hermano ella tendría su dinero. Yo informaba cada cosa que iba pasando a mi hermano en cada una de sus llamada diarias o en mis visitas que eran todos los domingo sin falta durante cinco meses que duro mi hermano recluido en esa cárcel en la cual tratan a las personas como animales pues sus condiciones son denigrantes y todo es manejado con dinero, si tienes dinero tienes celda, si tienes dinero puedes usar el mejor baño, si tienes dinero tienes infinidad de beneficios, es falso decir que en la cárcel todos son iguales allá al igual que fuera de ella los que manda son los que tienen dinero.
Como dije todo terminó después de cinco largos y dolorosos meses; mi hermano está bastante recuperado pues el daño psicológico es fuerte, las primeras semanas no salía de su cuarto y decía tener miedo de que lo volvieran a llevar a la cárcel, no hablaba y se la pasaba durmiendo; hoy, recuperó su  trabajo y lleva una vida social muy buena aunque muy cautelosa pues de esta experiencia aprendió que una mujer herida es capaz de cosas inimaginables con tal de sanar su ego herido y  como familia lo vivimos  nos enseñó a estar más unidos y además a no juzgar a las personas por los supuestos, muchas personas están encerrada en ese lugar por actos que no cometieron sin embargo, es tan fácil señalarlos con el dedo que solamente cuando te toca vivir algo parecido o a una persona cercana duele y pides el beneficio de la duda.





UN DÍA EN LA UNIVERSIDAD.

                
Son las cuatro de la mañana y el despertador suena, se inicia una batalla en mi mente entre el deber con el placer, esta batalla dura alrededor de  veinte minutos al final gana el deber. Me levanto todavía adormecido, pero sé que solo hay una solución (agua fría), y he aquí inicia la segunda batalla del día.
Ya bañado y listo para iniciar mis labores como estudiante universitario, tomo el tan odiado Metrolinea que a esa hora ya somete a sus pasajeros a un hacinamiento del cual yo hago parte todos los días; mi recorrido dura aproximadamente cuarenta  minutos y eso si no hay protestas, accidentes, o un ciclista arriesgado  que decide salir a hacer deporte en la autopista.
Estudio en una de las mejores universidades del país así  que todo el mundo pensaría que  soy un súper estudiante y que no tengo vida social debido a que estudio demasiado pero no es así; llego a la universidad y después de tener que reportarme en portería con un código que me identifica como estudiante activo de dicha universidad, me dirijo a mi salón de clase con la esperanza de que a mi profesor le haya sucedido algún percance y no se presente, pero mis esperanzas mueren al entrar al edificio y encontrármelo de frente y darme cuenta de mi realidad.
Después de mi tediosa clase, salgo a buscar algún alimento que calme el hambre que hace que mi  aburrimiento sea mayor, así que me dirijo a uno de esos tantos puestos de combos de los cuales se hablan muchas cosas malas pero aun así siempre poseen gran flujo de comensales;  una vez ya saciada mi necesidad alimentaria me dirijo a  ingresar a mi segunda de las cinco que tengo en el día de hoy y que por lo visto a medida que pasa el día se irán volviendo más y más insoportables y todo esto tiene un motivo ya que estudiar me apasiona me gusta pero se ha convertido en los últimos meses en algo que me exaspera que hace que brote de mi un genio que nunca antes nadie me había conocido; el motivo: mi exnovia del colegio la cual entró a estudiar a la misma universidad y a la misma carrera, por lo tanto debo verla y compartir con ella todas las clases y para completar también cuento con la compañía de su nuevo novio que para desgracia mía es mi mejor amigo o mejor dicho mi exmejor amigo.

Es por ello que mi vida en la universidad en vez de ser una etapa de diversión de madurez y de nuevas experiencias, se ha convertido en una carga pues todos los días tengo que recordar ese pasado  que por más que intento olvidarlo la vida se encarga de traerlo al presente todos los días.

UN BILINGÜE DETRÁS DEL MOSTRADOR.

Son las cinco de la mañana y el reloj despertador suena, aunque no  tiene deseos de levantarse Toño  sabe que debe hacerlo, así como el alumno debe levantarse a estudiar él debe hacerlo para trabajar en su tienda ubicada en un barrio de clase media;  a las seis de la mañana lo encuentro ya ubicado en su lugar de trabajo me saluda en francés “bonjour madame” pues paso quince de sus 38 años viviendo en Europa y los ahorros que logro reunir de su trabajo en varios países extranjeros los invirtió junto con su pareja en esta tienda a mi parecer bien surtida.
Esta tienda que tiene por nombre “supermercado chejo” pues es el nombre de la pareja de Toño, aunque cuando recién llegaron al barrio decían ser tío y sobrino pero poco tiempo después se supo la relación que estos tenían la cual no era precisamente familiar, pero que logra confundir amucho y mantener oculta su homosexualidad.
Pido un pan y una leche como de costumbre, Toño ya sabe mis gustos y me trae una leche deslactosada y una mestiza, en ese momento entra en el establecimiento un par de mudos en embriaguez  los cuales tienen una charla muy particular, pues solo entre ellos se entienden parece, por sus señas que (hablan por así decirlo) de futbol;  se dirigen a Toño y luego de hacerle unas cuantas señas Toño saca de la nevera dos cervezas frías, le pregunto cómo les había logrado entender o si sabía además de francés e italiano el lenguaje de señas pero este con una sonrisa me responde que siempre piden lo mismo día tras día, borrachera tras borrachera.
Después de esto entra al supermercado una mujer un poco apurada, con su pequeño hijo y he aquí inicia una pelea entre madre e hijo, el motivo: la lonchera; el pequeño desea una fritura de paquete de esas que no sé si sea por mala propagando o sí sea cierto, dicen que es plástico, por otro  lado se encuentra la madre tratando de explicarle a su pequeño que la mejor decisión está en una galleta pues es más nutritiva según ella; al final de una gran y ruidosa  pataleta de esas que deseas salir corriendo o que por el contrario deseas tener el derecho de poderle dar unas cuantas nalgadas a ese niño voluntarioso él gana.
Nos miramos con Toño y me dijo:
-       Que gente esta!  yo le daría un pellizco a ese culicagado
Yo, sin decirle que pensaba lo mismo que él, solo sonrió, pido mi cuenta y  doy las gracias; al salir escucho:
-       Au revoir.
  


INTROSPECCIÓN

De alguna manera es extraño verme aquí, sentada,  siendo saludada por tanta gente que nunca en mi vida había visto  o que por lo menos no recuerdo si las  conozco y que  hasta el día de hoy me habían sido indiferentes.
 La tarde transcurre lentamente, la verdad empiezo a aburrirme  y  a tener miedo pues este lugar no es el más adecuado para despejar la mente, fijo mi mirada en unos ancianos pensionados, por así decirlo pero la verdad creo que son personas que el gobierno no les brindo oportunidades para una mejor vejez y se ven obligados a matar el tiempo que les queda de vida con  populares juegos de cartas como tute y veintiuna, combinando esta actividad con el detestable olor a chicote que llega hasta mi puesto y que impregna todo mi cuerpo, “odio este olor” pienso,  este olor que hace que mi rostro tenga una expresión de desagrado la cual no me importa si es muy evidente para ellos, dicho olor se mezcla con un olor muy popular en estos tiempos,  pues donde quiera que estemos ubicados ya sea en la zona “dediparada” de la ciudad, o en lugares que con solo nombrarlos son conocidos por la fama de peligrosos (y que de por si me encuentro en uno de ellos) es reconocible.
Aspiro y trato de identificar de donde viene dicho olor, si era lo que pensaba “marihuana”,  en un rincón de este parque hay un grupo de muchachos  de una apariencia de dudoso prestigio, sus pintas no son precisamente las de un muchacho que uno quisiera como pareja de su hija, pues sus pantalones están lo demasiado caídos como para poder identificar el color de su ropa interior, sus cabellos largos y grasosos son ocultos por gorras que ya perdieron sus colores originales, la mayoría de ellos tienen camisetas de un equipo de futbol local y presumen unos con otros sus navajas, cuchillos o palas como  ellos las llaman; alcanzo a escucharlos hablan de sus enemigos pues escucho que  se refieren a ellos con palabras groseras e insultantes, aunque también podrían estar hablando de un amigo pues entre ellos también existe ese trato insultante e irrespetuoso.
Lo más curioso de esto es que junto a estos muchachos logro observar varios niños que actúan  igual que estos jóvenes, pelean, se gritan, se golpean y hasta se insultan, están mal vestido y su  edad no supera los 10 años, en esta ocasión pelean  por un juego al que llaman “hoyito” esto me llama la atención pues consiste en lograr que una moneda caiga en uno de los tres hoyos o por lo menos eso entendí, es una mezcla entre puntería y azar.
En ese momento me invade un sentimiento de tristeza que no logro entender y me pregunto ¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento así si no conozco estas personas y tampoco me interesa lo que hagan con sus vidas? Pero al  mirar detenidamente a estas personas pude observar que no son culpables de llevar estas vidas que aunque por fuera aparenten ser rudos y ser felices con lo que la vida les dio, la realidad es otra, pues estas personas como millones de otras son víctimas de la sociedad, del sistema  educativo y del gobierno; he aquí a mi mente llega una imagen del anciano que en primer lugar vi fumando chicote y jugando cartas en una casa campestre rodeado de comodidades, del joven fumando marihuana recibiendo el título de cualquier carrera pero esta vez bien vestido y  con sus padres al lado y por ultimo me imagino a uno de los niños recibiendo el cariño de su padre y las atenciones de su madre.

Si, si  me importan, pero ¿Por qué? Al final del día pude comprenderlo, en el lugar de esas personas puede estar mi hijo, mi padre, mi  hermano o en el peor de los caso podría ser yo.